martes, 7 de julio de 2015

Una historia real que quizás no conocías del Actor "Mel Gibson" (Un milagro de Dios).

Hoy les voy a contar una historia de cómo Dios interviene en la vida de las personas.

Hace algunos años, un hombre muy trabajador decide trasladar a su familia desde New York hasta Australia, en busca de una mejora en su pobre vida. Uno de sus hijos, mientras esperaba una oportunidad para cumplir su sueño (quería ser actor de cine), trabajaba en los puertos locales situados en las peores zonas de la ciudad. 

Una noche, de regreso a casa, el joven fue asaltado por 5 delincuentes. Él se resistió a entregar el poco dinero que llevaba para su familia, y fue agredido brutalmente. Una vez que lo dejaron inconsciente por los golpes, no cejaron en la paliza: Lo patearon hasta deformarlo, le desgarraron el rostro, lo golpearon brutalmente por todo su cuerpo. Cuando finalmente el joven fue encontrado por la Policia tirado en la calle, lo consideraron muerto y llamaron a la funeraria.

En el trayecto, un policía pudo ver que el joven hacia un intento por respirar y fue llevado de inmediato al hospital de emergencias más cercano. Fue horrible la impresión recibida por el equipo médico al verlo y constatar que aquel joven ya no tenía apenas rostro. Sus ojos estaban hundidos; su cráneo, piernas y brazos fracturados, su nariz estaba literalmente perdida en su cara, todos sus dientes completamente rotos y su mandíbula desprendida.

El joven logró salvar su vida, aunque permaneció cerca de un año en el hospital. Cuando salió, su cuerpo estaba recuperado, pero su rostro era repulsivo de ver. Ya no era aquel joven bello con un bonito futuro por delante.

Una vez recuperado empezó a buscar trabajo, pero siempre era rechazado por todos por su apariencia física. Por fin alguien le ofreció una oportunidad: Un empresario le sugirió que participara en un espectáculo de circo, en el que su nombre sería: "El Hombre Sin Rostro".

A pesar de encontrar trabajo seguía sintiendo el rechazo de las personas, ya que fuera del circo nadie quería ser visto con él. Por ello llegó a pensar en la muerte, aunque lo descartó y siguió con esta situación por casi 5 años.

Un día, caminando, entró a buscar consuelo en una Iglesia, pensando que allí podía alcanzar algún alivio a su situación de angustia. Al entrar vió a un sacerdote orando de rodillas, adoptó su misma postura y también se puso a rezar.

Al rato, el sacerdote vió a ese hombre "sin rostro"; se acercó, lo levantó y lo llevó a otro lugar para conversar. Su rostro le impresionó tanto que pensó que tenía que hacer lo posible por ayudarlo a recuperar su dignidad y su vida. El joven comenzó a asistir a la iglesia con frecuencia, siempre pidiéndole a Dios que le diera al menos paz espiritual y la gracia de ser un mejor hombre cada día.

Después de un tiempo, el sacerdote, por medio de amistades personales, logró conseguir los servicios médicos del mejor cirujano estético de Australia y sin costo alguno.

La cirugía fue como un milagro, se dispusieron para él los mejores servicios médicos, y su rostro pudo ser reconstruido con las fotos que el joven aportó.

Con el tiempo, "el hombre sin rostro" recuperó una vida normal, fue escogido en un casting para hacer su primera película, se casó con una bella mujer, tuvo varios hijos y pronto llegaron sus grandes éxitos profesionales.

¿Quiere saber quien es este joven?
Su nombre lo conoces de sobra, él es... Mel Gibson

Actualmente Mel es admirado por muchos y conocido como un hombre entregado a Dios, caritativo y un gran ejemplo de coraje sorprendente. Su historia personal la recogió en su primera película como director de cine, "El hombre sin rostro" (EEUU, 1993). En "la Pasión de Cristo" (EEUU, 2004) tenemos también indicios de su profunda fe y de su identificación con el sufrimiento de Cristo.
Somos muchos los que no conocíamos esta conmovedora historia, ya que a menudo los medios de comunicación dan más importancia a lo negativo que a este tipo de experiencias gratificantes. El testimonio de Mel Gibson nos invita a confiar en Dios… para Él nada es imposible.

Publicado por Jaime Salado de la Riva 

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